Mujeres NoMo y el porqué de las etiquetas

La polémica surgida en las redes por los artículos publicados en La Vanguardia y El Mundo sobre las mujeres NoMo (o mujeres que no quieren ser madres) me ha hecho pensar en la fiebre de las etiquetas surgida en los últimos años. Se habla de mujeres NoMo, jóvenes nini (ni trabajan ni estudian), los haters (usuarios de redes que difaman a una persona, empresa o concepto en particular por pocas o ningunas razones) o los muppies (fusión de millennials y yuppies con más de 15 características diferentes), entre muchos otros. Pero, ¿cuál es el origen y la razón de estas nomenclaturas?

Estas etiquetas ofrecen definiciones sesgadas y una imagen muy limitada de la riqueza de las generaciones actuales, y se han convertido en una herramienta de marketing simplista para empresas que buscan definir los hábitos de cada generación y así poder promocionar sus productos entre estos grupos. De hecho, ya es habitual encontrar en Internet empresas que venden “regalos para sorprender a un millennial”, hoteles que apuntan al nicho NoMo o aplicaciones para buscar pareja para haters. Pero su uso no se limita a los medios de comunicación, sino que la fiebre de las etiquetas se ha extendido a redes como Twitter e Instagram, donde etiquetas demasiado extensas y poco contextualizadas pierden su función de palabras clave y se convierten en una simple moda.

Y es que las etiquetas no tienen nada de positivo. Como ya se ha demostrado en más de un estudio (véase el estudio sobre el efecto Pigmalión de Rosenthal y Jacobson de 1968), las etiquetas condicionan el comportamiento y pueden tener consecuencias negativas durante muchos años en los niños y adolescentes. Las personas desarrollamos la opinión que tenemos de nosotros mismos muchas veces en función de las expectativas y valoraciones que los demás tienen de nosotros. De esta forma, si un niño es etiquetado de “vago, desobediente y desordenado” actuará en consecuencia, pues no se espera que actúe de forma distinta, y le será mucho más difícil modificar este comportamiento aprehendido que si recibe elogios, motivación y educación positiva. Paralelamente, de una mujer etiquetada de NoMo se espera un comportamiento definido  (que sea responsable en el trabajo, independiente, de carácter fuerte y mente abierta) que de no cumplirse puede llevar a fuertes críticas por parte del entorno laboral y familiar de la mujer.

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Según el artículo de La Vanguardia, la etiqueta NoMo ha surgido para “definir a todas aquellas mujeres que no pueden o no quieren tener hijos”. Y yo me pregunto, ¿qué necesidad tenemos de definirlo todo con una sola palabra? ¿Por qué debemos prescindir de la riqueza que nos ofrece el lenguaje? La etiqueta NoMo incluye en un mismo grupo a aquellas mujeres que no quieren tener hijos para disfrutar de una mayor libertad y estabilidad profesional y a aquellas mujeres que no pueden tener hijos por problemas de fertilidad y cuyo carácter no casa con el de “mujer independiente y dedicada exclusivamente a su trabajo”, cuando lo único que tienen en común estas mujeres es precisamente ser mujeres.

Así que, por favor, huyamos de las etiquetas y hagamos uso de la riqueza y los recursos del lenguaje para dar visibilidad a una generación de jóvenes, mujeres y hombres caracterizada por la pluralidad y la heterogeneidad.

 

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