Mamá, quiero ser corrector

«Mamá, quiero ser corrector». Estas palabras han llevado a miles de personas al apasionante mundo de la corrección editorial, un mundo entre novelas, diccionarios, libros de estilo y gramáticas a menudo visto desde el exterior como un mundo solitario, triste y nada interesante. Y nada más lejos de la realidad: la corrección editorial es una profesión hermosa, elegante e interesante como ninguna.

Y aunque el perfil del corrector editorial a menudo pasa desapercibido o es confundido con el del editor, su trabajo puede llegar a ser determinante para el éxito de un libro. A diferencia de los editores, cuyo trabajo pasa por decidir qué obras publica su editorial, negociar las retribuciones con el escritor o pactar aspectos de la publicación del libro, los correctores son aquellos encargados de la corrección ortográfica, tipográfica y de estilo de los libros que decide publicar la editorial.

La corrección ortotipográfica incluye la revisión de la ortografía, márgenes, interlineado o signos de puntuación, mientras que la corrección de estilo incluye la revisión de la coherencia y la cohesión del texto. Cada una de las fases de corrección requiere de una gran precisión ortográfica, gramatical y léxica y de diferentes cualidades que determinarán la calidad final del texto: perfeccionismo, curiosidad, desconfianza, flexibilidad y rigurosidad.

Corrección editorial Traduseo

El mundo de la corrección editorial

Antes de iniciar cualquier tarea de corrección editorial, es importante que consultemos con la editorial las normas ortográficas por las que esta se rige: acentuación de sólo/solo, uso de cursivas, acentuación de pronombres… No debemos olvidar que la RAE, la Fundéu y otras academias pueden ofrecernos más de una opción para determinadas dudas lingüísticas, en cuyo caso la última palabra la tendrá siempre la editorial.

En la fase de corrección de estilo de la obra intervienen otros factores externos a nuestro trabajo, ya que debemos mantener un contacto directo con el escritor siempre que sea posible, lo que nos obligará a limitar nuestra creatividad. A diferencia de la traducción editorial, que nos ofrece una mayor libertad a la hora de trabajar con la obra original y donde la creatividad es un factor esencial para su calidad final, la corrección debe respetar en todo momento el estilo y voz del autor. Mi recomendación en esta fase de la corrección es que os centréis en la cohesión y coherencia del texto  y que consultéis siempre posibles casos de ambigüedad con el autor o incluso con el director de la editorial. No hay que olvidar que los escritores tienen mucho cariño a sus obras y que pueden sentirse ofendidos ante cambios innecesarios. Mi humilde opinión es que los correctores deben ser tan o más invisibles que los traductores, velando por la calidad de las obras.

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