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Breve repaso histórico a la variación terminológica

En el artículo «La terminología médica: diversidad, norma y uso» José Antonio Díaz Rojo hace un breve repaso histórico al problema de la variación terminológica y a los diferentes modos en que se ha abordado este fenómeno desde los estudios terminológicos. Os ofrezco un breve resumen de este artículo y mi humilde opinión sobre este problema que a menudo complica tanto el trabajo de los traductores.

La variación terminológica, entendida como la existencia de diferentes términos para designar un mismo concepto y la existencia de varios significados para un mismo término, ha sido tradicionalmente considerada un problema y un obstáculo para el avance de la ciencia y la comunicación científica. Por este motivo, la solución clásica a este problema  ha estado centrada en reducir la variación y en establecer un término normativo para cada concepto y un concepto para cada término. Esta solución ha sido defendida por autores como Lavoisier, P.Chaslin o William H. Stewart, entre otros. Dentro de esta tendencia clásica encontramos la creación de las clasificaciones y las nomenclaturas, como la nomenclatura química de Guyton de Morveau y Lavioisier, o la nomenclatura anatómica.

Sin embargo, esta solución clásica no ha resuelto el problema de la variación terminológica, sino que, muy al contrario, en ocasiones la ha aumentado debido a los inconvenientes que presentan las nomenclaturas y clasificaciones anteriormente citadas. Entre estos inconvenientes, encontramos la proliferación de obras normativas creadas por distintos comités. Este puede ser un grave problema para trabajadores de la lengua como traductores y editores, concretamente de especialidades como la traducción médica. En este caso, es obligación del traductor investigar por qué comité de normalización se rige el cliente o país para el que está trabajando, especialmente para documentos como los consentimientos informados o los protocolos de ensayos clínicos. De la misma forma, traductores y correctores deben estar informados sobre los cambios de denominaciones, que, como afirma José Antonio Díaz, vienen motivados en muchas ocasiones por modas políticas o culturales.

Según este autor, otro de los inconvenientes de las clasificaciones sería la aprobación de términos innecesarios que no reflejan el uso real de la lengua así como la falta de depuración de incorrecciones en el proceso de normalización lingüística. Estos problemas, a mi parecer, no son exclusivos de la terminología médica, sino que reflejan la situación real que viven muchas de las lenguas en proceso de normalización.

La obligada necesidad de escoger un solo término para cada concepto también puede originar un conflicto entre dos o más criterios de selección de términos, así como competencias terminológicas compartidas por ciencias diferentes en el caso de pertenencia de un mismo término a diversas disciplinas. Por último, José Antonio Díaz cita la incapacidad de establecer la terminología perteneciente a disciplinas nuevas sometidas a cambios frecuentes, como fue el caso de la genética hace unos años. En este caso, creo que la solución pasaría por dar tiempo a la nueva disciplina para realizar las investigaciones y descubrimientos pertinentes que permitan fijar una terminología coherente y que refleje la realidad científica.

Todos estos problemas derivados de la idea de armonizar la diversidad han llevado a la terminología actual a un proceso de renovación que pasa por reconocer  dicha diversidad como un hecho natural e intrínseco de toda lengua y sector del leguaje. Aún sin rechazar la idea de la necesidad de uniformidad terminológica, la terminología actual se centrará en controlar la variación y adaptar las actuaciones terminológicas a cada situación. Estas actuaciones terminológicas podrán concretarse en la unificación, la armonización o la normalización. En el caso de la traducción médica, creo que la unificación —correspondiente con la intervención de la terminología tradicional— puede ser necesaria en géneros textuales como los protocolos de ensayos clínicos o los consentimientos informados. Por otra parte, la armonización puede ser interesante y necesaria en géneros como los informes médicos y los artículos de investigación. En cuanto a la normalización, creo que es la actuación terminológica común en grupos de investigación o comités médicos.

Dentro de estas actuaciones, en el proceso por el que un término alcanza la condición de normativo es necesario considerar el problema de la autoridad, es decir, el mecanismo social por el que el término llega a ser usado por la comunidad científica. Estos mecanismos son diferentes según las disciplinas, y podemos distinguir mecanismos de legitimación científica, técnica o jurídica. Según José Antonio Díaz, la legitimación científica, es decir, la derivada del debate mantenido en documentos privados, regula la terminología de las ciencias médicas básicas, juntamente con la legitimación técnica, que se produce en muchas ocasiones al margen del debate científico. Por otra parte, la legitimación jurídica afecta a las terminologías de las técnicas, aparatos e instrumentos médicos.

Esta autoridad repartida en la legitimación de la terminología médica puede solucionarse, según el autor, favoreciendo y difundiendo aquellos términos que tengan más posibilidades de implantación. Sin embargo, en ocasiones es difícil prever las posibilidades de implantación de un término, ya que estas no siempre vienen definidas por el sistema fonológico de la lengua o la semántica, sino que a veces dependen de factores psicológicos, sociales y culturales. En mi humilde opinión, esto demuestra una vez más la necesidad de considerar los términos como una entidad en sí misma diferentes de las palabras y de crear una teoría de la terminología que permita la colaboración constante entre disciplinas como la lingüística, la sociología o la política.

Terminología y normalización lingüística en traducción médica

Hoy os presento un resumen-comentario de la ponencia «terminología y normalización lingüística», en la que Mª Teresa Cabré analiza la relación entre la terminología y la normalización a través de un análisis de la necesidad de la terminología, los distintos conceptos de normalización, la actividad terminológica en el marco de normalización de una lengua  y de la promoción de la terminología en este mismo marco.

Según Mª Teresa Cabré, la terminología debe ser entendida desde su triple vertiente. En primer lugar, la terminología debe entenderse como un conjunto de necesidades relacionadas con la comunicación de conocimientos especializados de una disciplina. En este sentido, es importante recalcar que estas necesidades las deben cubrir todos aquellos que participan en la representación, expresión, comunicación y enseñanza del conocimiento especializado en todos los ámbitos en los que la lengua desea ser útil. En segundo lugar, la terminología es un conjunto de prácticas que se concretan en aplicaciones determinadas destinadas a satisfacer dichas necesidades. Y por último, la terminología debe entenderse como un campo de conocimiento interdisciplinario integrado por elementos de las ciencias del lenguaje, del conocimiento y la comunicación y susceptible de ser tratado científicamente en sus vertientes teórica, descriptiva y aplicada.

Es en esta última vertiente donde Mª Teresa Cabré compara los términos y las palabras del léxico común desde un punto de vista gramatical, formal, semántico y pragmático. Según la autora, gramaticalmente, tanto los términos como las unidades del léxico común pertenecen a una lengua, y por tanto ambos se forman a través de la misma morfología y se combinan con las reglas de la misma sintaxis. Aunque estoy de acuerdo con esta afirmación, creo que es necesario tener en cuenta que los términos especializados, especialmente aquellos utilizados exclusivamente en contextos específicos, se forman habitualmente a través de procesos morfológicos muy concretos (principalmente la derivación y la composición), lo que nos permite establecer un límite entre palabras y términos, que aunque borroso, puede ser necesario para la creación de una teoría de los términos dentro del marco de la teoría del lenguaje. Esta teoría, a su vez, sería de gran utilidad para los procesos de normalización de la terminología.

A partir de la descripción que Mª Teresa Cabré nos ofrece de los escenarios de comunicación especializada y de su definición de normalización, podemos decir que los procesos de normalización serán diferentes dependiendo del escenario de comunicación especializada en los que se produzcan. Si esta normalización tiene lugar en escenarios de producción y transmisión del conocimiento nuevo de alto nivel, generalmente será una normalización institucional o internacional que dará lugar a una terminología planificada. En los contextos de transmisión espontánea de conocimiento especializado nuevo, esta normalización sería contraproducente siempre que la investigación esté en curso y podría llegar a condicionar su evolución. En este caso, nos encontramos pues con procesos de autorregulación que dan lugar a terminología espontánea.

En lo que la autora describe como «escenarios de transmisión del conocimiento especializado producido por otros grupos», es responsabilidad de los actores que trabajan en estos contextos estar al día de la normalización que se da en el primer escenario descrito, aunque también es frecuente que se den procesos de normalización internacional en estos grupos. En cuanto a los contextos comunicativos en los que la terminología es solo una herramienta para ordenar el conocimiento, los procesos de normalización serán prácticamente nulos, pues los actores recurren a la terminología normalizada por el uso o por alguna institución. Por último, creo que es interesante hablar del papel de la normalización en los escenarios de amplia divulgación del conocimiento especializado. El nivel de variación terminológica que se da en estos contextos puede llegar a desterrar términos previamente normativizados en contextos institucionales (la autorregulación puede dominar a la normalización institucional e internacional). Será entonces cuando habrá que valorar la necesidad de idear medidas interventivas puntuales para la implantación de las formas normalizadas en el medio real de comunicación.

A modo de conclusión de su ponencia, la autora expone las diferentes opciones que tiene una comunidad a la hora de difundir sus innovaciones y elegir la lengua de la terminología especializada. Por una parte, existe el uso generalizado de una lengua común —generalmente el inglés— para las transacciones de conocimiento. Por otra parte, hay voces que se niegan a eliminar la posibilidad de que cada lengua desarrolle sus denominaciones de acuerdo con su estructura y abogan por la creación de una terminología especializada propia. Por último, existen aquellos que aceptan la necesidad de recurrir a los préstamos, e incluso que estos se instalen como denominaciones de referencia cuando sea necesario, pero que defienden el uso de estructuras más acordes con la lengua de recepción.

Personalmente, creo que el uso de préstamos tendría que entenderse como un método más de creación de términos, siempre y cuando se haga con sentido común, es decir, evitando los préstamos como único recurso para la creación de una terminología especializada pero también la normalización de estructuras que formalmente están más acordes con la lengua de recepción pero que no responden al uso real que hacen los nativos de la lengua.

 

La importancia de escribir bien en internet

Antes de la llegada de internet, era necesario tener un cierto estatus cultural para poder publicar un artículo en los medios de comunicación y revistas especializadas, ya fueran unos estudios reglados o una gran experiencia en el área en cuestión. Sin embargo, la llegada de internet supuso una clara democratización de los contenidos, con sus ventajas y desventajas.

Por una parte, ahora disponemos de un acceso total a una ingente y creciente cantidad de contenidos de todos los ámbitos, incluso de aquellos a los que antes era muy complicado tener acceso gratuito. Esto ha dado lugar a una cultura del “háztelo tú mismo” en la que todo el mundo parece saber de todo y en la que la autoformación está a la orden del día. Sin embargo, el hecho de que cualquiera pueda hacer publicaciones en internet nos obliga a dudar de todo lo que leemos y a buscar fuentes más fiables, pues a menudo es complicado encontrar la aguja de calidad en el gran pajar de la red.

En mi caso, al estar interesada en campos diversos, me he visto obligada a hacer un minucioso proceso de selección de aquellos blogs que publican el contenido que más se adapta a mis intereses y el de mejor calidad. Sin embargo, también cae en mis manos contenido de menor calidad que no rechazo sin antes ojear, y mi vena correctora se hincha cada vez que encuentro una falta de ortografía y sintaxis, lo cual ocurre bastante a menudo. Y cuando lo comento con amistades de otras ramas distintas a la traducción y enseñanza la respuesta suele ser la misma: «¿Y qué más da?». Pues sí da, y mucho, me explico:

Para mí escribir bien es comparable a vestir bien. Está claro que estando en casa o para ir a hacer la compra, uno puede ir en zapatillas y chándal si le apetece (yo misma soy fiel defensora del atuendo ancho y cómodo), pero no se nos ocurriría ir a una entrevista de trabajo con chanclas y a lo loco, ¿verdad? Un blog es nuestra carta de presentación, nuestra oficina de trabajo, nuestra cara al público, y no importa si los contenidos poco o nada tienen que ver con los idiomas: las faltas de ortografía llevarán a los clientes potenciales a pensar que no prestamos atención a los detalles, que no somos cuidadosos y perfeccionistas, algo que todos valoramos cuando buscamos cualquier tipo de servicio, ya sea una traducción o un corte de pelo. Además, con la mala redacción nuestros contenidos pierden calidad por muy interesantes y únicos que sean. Imaginemos que tenemos dos artículos con el mismo contenido, uno con una gramática y sintaxis perfecta y otro plagado de faltas, ¿cuál creéis que leerá antes un posible interesado? Por otra parte, la corrección a la hora de escribir también es vital para un buen posicionamiento en la web. Como ya sabéis, Google premia el contenido de calidad, dando prioridad a aquellos artículos que facilitan la lectura y están bien escritos.

 

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Por último, como amante de los idiomas, tengo que decir que escribir bien garantiza un cierto orden y salvaguarda la calidad de la lengua. Está claro que no hay que llevar al límite el lema de “limpia, fija y da esplendor”, pues todos somos conscientes de que las lenguas evolucionan constantemente y que es complicado poner límites a lo que puede o no ser aceptado (y si no, pensad en las últimas incorporaciones de la RAE al diccionario —papichulo, almóndiga o cocreta—), pero un mínimo de corrección gramatical y sintáctica es de vital importancia para mantener una buena imagen corporativa. Y si no nos vemos capacitados para crear contenidos interesantes y bonitos para nuestro blog o web, siempre es mejor contratar los servicios de un profesional que pueda garantizar la calidad que los clientes esperan de nosotros.

Mujeres NoMo y el porqué de las etiquetas

La polémica surgida en las redes por los artículos publicados en La Vanguardia y El Mundo sobre las mujeres NoMo (o mujeres que no quieren ser madres) me ha hecho pensar en la fiebre de las etiquetas surgida en los últimos años. Se habla de mujeres NoMo, jóvenes nini (ni trabajan ni estudian), los haters (usuarios de redes que difaman a una persona, empresa o concepto en particular por pocas o ningunas razones) o los muppies (fusión de millennials y yuppies con más de 15 características diferentes), entre muchos otros. Pero, ¿cuál es el origen y la razón de estas nomenclaturas?

Estas etiquetas ofrecen definiciones sesgadas y una imagen muy limitada de la riqueza de las generaciones actuales, y se han convertido en una herramienta de marketing simplista para empresas que buscan definir los hábitos de cada generación y así poder promocionar sus productos entre estos grupos. De hecho, ya es habitual encontrar en Internet empresas que venden “regalos para sorprender a un millennial”, hoteles que apuntan al nicho NoMo o aplicaciones para buscar pareja para haters. Pero su uso no se limita a los medios de comunicación, sino que la fiebre de las etiquetas se ha extendido a redes como Twitter e Instagram, donde etiquetas demasiado extensas y poco contextualizadas pierden su función de palabras clave y se convierten en una simple moda.

Y es que las etiquetas no tienen nada de positivo. Como ya se ha demostrado en más de un estudio (véase el estudio sobre el efecto Pigmalión de Rosenthal y Jacobson de 1968), las etiquetas condicionan el comportamiento y pueden tener consecuencias negativas durante muchos años en los niños y adolescentes. Las personas desarrollamos la opinión que tenemos de nosotros mismos muchas veces en función de las expectativas y valoraciones que los demás tienen de nosotros. De esta forma, si un niño es etiquetado de “vago, desobediente y desordenado” actuará en consecuencia, pues no se espera que actúe de forma distinta, y le será mucho más difícil modificar este comportamiento aprehendido que si recibe elogios, motivación y educación positiva. Paralelamente, de una mujer etiquetada de NoMo se espera un comportamiento definido  (que sea responsable en el trabajo, independiente, de carácter fuerte y mente abierta) que de no cumplirse puede llevar a fuertes críticas por parte del entorno laboral y familiar de la mujer.

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Según el artículo de La Vanguardia, la etiqueta NoMo ha surgido para “definir a todas aquellas mujeres que no pueden o no quieren tener hijos”. Y yo me pregunto, ¿qué necesidad tenemos de definirlo todo con una sola palabra? ¿Por qué debemos prescindir de la riqueza que nos ofrece el lenguaje? La etiqueta NoMo incluye en un mismo grupo a aquellas mujeres que no quieren tener hijos para disfrutar de una mayor libertad y estabilidad profesional y a aquellas mujeres que no pueden tener hijos por problemas de fertilidad y cuyo carácter no casa con el de “mujer independiente y dedicada exclusivamente a su trabajo”, cuando lo único que tienen en común estas mujeres es precisamente ser mujeres.

Así que, por favor, huyamos de las etiquetas y hagamos uso de la riqueza y los recursos del lenguaje para dar visibilidad a una generación de jóvenes, mujeres y hombres caracterizada por la pluralidad y la heterogeneidad.

 

La culpa también en el mundo de la traducción

Tras cinco años escribiendo artículos sobre traducción y enseñanza de lenguas, me he decidido a escribir un artículo con un tono un poco más personal, quizás porque estoy en un momento de introspección y dedicación familiar.

Desde que soy madre de familia, he leído muchos blogs que hablan sobre la culpabilidad en la maternidad (aquí tenéis un buen ejemplo de la gran Míriam Tirado), pero con el tiempo me he dado cuenta de que la culpa también está muy presente en el mundo de la traducción.

Son muchos los comentarios y las dudas que he leído en las redes de traductores sobre si debemos o no estudiar un máster, si podemos compaginar la traducción con otro empleo o debemos dedicarnos exclusivamente a traducir, si es mejor optar por la estabilidad de un empleo con contrato o la inestabilidad y creatividad de un empleo como autónomo…  Ante todas estas dudas, siempre aparecen puristas del mundo de la traducción que criticarán cualquier decisión que puedas haber tomado: si has estudiado una filología en lugar de traducción, no eres un auténtico traductor; si no has hecho un máster para especializarte, no vas a llegar a ningún lado; si optas por un empleo con contrato en una empresa de traducción, estás matando tu creatividad y escogiendo la opción fácil, etc.

Aunque no suelo recurrir a las redes para tomar decisiones sobre mi vida profesional, entiendo que recién licenciados y aquellos que utilizan las redes con más asiduidad puedan verse influenciados negativamente por estos comentarios y sentir entonces la culpabilidad de la que estamos hablando. Por ello, hoy quería daros algunos consejos personales para libraros de la culpa y disfrutar plenamente del apasionante mundo de la traducción.

Si hay algo que creo que debería caracterizar a un buen traductor es la singularidad. Y es precisamente esta singularidad la que os permitirá libraros de la culpabilidad en vuestras carreras profesionales y tomar decisiones con seguridad. Para fomentar vuestra excepcionalidad y vuestras particularidades, es importante que tengáis muy claro qué tipo de traductores sois y en qué momento profesional de vuestra vida os encontráis: ¿acabáis de terminar la carrera y no tenéis claro en qué queréis especializaros? ¿Sois padres de familia y no sabéis cómo compaginar la vida familiar y profesional? ¿Tenéis una pasión muy definida o más bien compartís pasiones por varias cosas y no sabéis cómo combinarlas o aprovecharlas?

Tener la respuesta a estas preguntas y definir vuestro perfil como traductores os ayudará a tomar mejores decisiones y a no sentir la culpa que nos acecha en los rincones, pues tendréis muy claro el porqué de cada decisión que tomáis. Personalmente, llevo tomando decisiones de este modo desde que decidí darme de alta como autónoma tras dos años de trabajo en una empresa de traducción, y aunque la culpa aparece ocasionalmente —especialmente cuando pienso en el poco tiempo que tengo para dedicarme a algunas de mis pasiones—, estoy convencida de todas las decisiones profesionales que he tomado en mi vida y no me arrepiento de ninguna de ellas.

Así que no lo olvidéis, como dice Míriam Tirado en su artículo, la culpa y el miedo son malas compañías, no solo en la crianza sino también en el mundo de la traducción. Haced un esfuerzo para libraros de estos sentimientos y permitiros disfrutar del apasionante mundo de la traducción a vuestra singular manera.

 

Mi nuevo papel como profesora de inglés en secundaria

Quizás debido a las precarias condiciones de los autónomos en España, a los bajos sueldos de los traductores asalariados o a la creciente competencia desleal en el sector, la mayoría de traductores españoles se ven obligados a compaginar su ejercicio como traductores con una segunda actividad profesional. Gracias a mi formación combinada en filología y traducción, el pasado agosto de 2016 se me presentó la oportunidad de trabajar como profesora de inglés de secundaria en la que fue mi segunda casa durante más de 15 años. A pesar de que la traducción es mi pasión y me llena más que nada en este mundo —profesionalmente hablando—, tras sopesar las condiciones del trabajo y mi situación personal como madre de familia, decidí adentrarme en el apasionante mundo de la enseñanza.

Estos seis meses han sido intensos y conmovedores, pero desgraciadamente también decepcionantes en muchos aspectos. He tenido la suerte de encontrarme con un departamento de inglés joven, con ganas de trabajar y de arrancar nuevos proyectos, algo que ha facilitado mi trabajo sobremanera. En cuanto al centro, tengo mucha libertad para trabajar y llevar las clases a mi propio ritmo, pero aunque esto pueda parecer una ventaja, a veces me gustaría recibir algo más de feedback por parte del equipo directivo para poder seguir mejorando en mi trabajo día a día. Será cosa de las almas perfeccionistas… 😉

El tema de los alumnos daría para varios artículos, pero hoy quiero presentaros algunas de las conclusiones a las que he llegado tras estos meses de trabajo en 1º, 2º y 4º de ESO. A pesar de que parezca un tópico, creo que el siglo XXI ha supuesto una revolución en mucho aspectos —tecnológico, científico, social—, revolución que queramos o no ha tenido una influencia directa en la población joven.

 

Tal vez debido al poco tiempo que los padres tienen para dedicarles en casa, al abuso de las nuevas tecnologías o a la confusión que existe entre los aspectos positivos de la educación con apego y los aspectos negativos de la educación sin límites, la mayoría de alumnos no tienen respeto a la autoridad y al profesorado. Hemos pasado de una época en la que los alumnos se levantaban cuando llegaba el profesor para darle los buenos días a una época en la que la entrada del profesor en clase pasa tan desapercibida que tenemos que hacer aspavientos en la tarima para lograr captar su atención y poder iniciar la sesión.

Por otra parte, hay una falta total de disciplina de trabajo en los alumnos de secundaria. Debido a la educación sobreprotectora que reciben algunos y a la falta de autonomía que se les ofrece en el ciclo de primaria, los alumnos de secundaria no están acostumbrados a esforzarse para lograr sus objetivos y dependen totalmente del profesor para tomar todo tipo de decisiones en clase.

Hemos llegado al límite en el que los alumnos, en muchas ocasiones apoyados por sus padres, pretenden aprobar el curso limitándose a asistir a clase y a realizar las tareas pertinentes, siempre en horario lectivo. Y aquí tengo algo que decir: estimados padres sobreprotectores, esto sería posible si las clases se aprovecharan al 100%. ¿Y qué implicaría ello? Implicaría poder empezar la sesión de forma puntual porque todos los alumnos están en su sitio con el material preparado; implicaría que se comportan de forma que el profesor puede llevar a cabo todas las actividades planeadas e implicaría que presten atención cuando el profesor está hablando. Pero desgraciadamente estas condiciones no se dan nunca, lo que nos obliga a recurrir a los odiados deberes, siempre de forma limitada (entiéndase «deberes» por leer una página de teoría, hacer un ejercicio de 5 frases o repasar el vocabulario introducido en la sesión).

 

Pero no quiero culpar solo a los alumnos, pues los profesores también tenemos parte de culpa y no me eximo de ella. No hay duda de que los profesores cerca de la jubilación no tienen la misma energía ni ganas que los profesores que empezamos, y eso lo notan los alumnos. Pocas veces están dispuestos a cambiar su metodología, a aceptar críticas o a seguir formándose para adaptarse a las nuevas tendencias educativas.

Por parte de los jóvenes, creo que el mayor problema viene de la formación que recibimos. Al terminar el máster de formación del profesorado ya era consciente de ello, pero tras seis meses de trabajo con los jóvenes puedo afirmar que la formación para el profesorado existente en España es insuficiente, mediocre y poco útil. Es suficiente con compararla con la formación en Finlandia y los requisitos para acceder al sistema educativo en el país del norte para entender la situación en la que nos encontramos.

Así pues, tras trabajar como autónoma durante más de cuatro años, y por tanto sin vacaciones pagadas y sin muchas de las ventajas de las que disfrutamos el cuerpo de profesorado, puedo decir que el trabajo de profesor es —a mi parecer— más duro que el de traductor, tanto física como psicológicamente, y que las tan polémicas vacaciones son no solo merecidas, sino necesarias.

Cómo tratar con los clientes particulares

Gestionar proyectos de traducción con clientes particulares es más complicado que hacerlo con grandes empresas. Hay que tener en cuenta que los clientes particulares no tienen experiencia (o tienen poca) con traductores profesionales y por tanto no conocen el modus operandi de los traductores autónomos.

Desgraciadamente, durante mi experiencia como traductora autónoma en Palma de Mallorca, he tenido algunos problemas con clientes particulares que me han llevado a tomar ciertas medidas de seguridad específicas para el trato con este tipo de clientes. Estas medidas me han ayudado a mejorar la gestión de mi empresa y a evitar posibles timos y fraudes por parte de particulares.

Una de las primeras cosas que se debe hacer antes de aceptar un proyecto de traducción con un particular es explicar nuestra forma de trabajar: tipo de traducciones que ofrecemos, comunicación durante el proceso de elaboración de la traducción y envío de dudas o aspectos específicos relacionados con la traducción (base terminológica que se utiliza, dialectos, etc). Después de dar a conocer nuestra forma de trabajar viene la parte más complicada: acordar el presupuesto.

En esta parte del proceso hay que tomar las suficientes medidas para evitar futuros problemas a la hora de cobrar por el trabajo realizado. En primer lugar, hay que fijar una cantidad exacta por palabra o por hora y especificar siempre si el precio incluye o no IVA. Además, con este tipo de clientes, recomiendo cobrar una parte por adelantado y fijar las condiciones de pago de la cantidad restante. También es necesario especificar el precio de los servicios añadidos tras la realización del proyecto (los típicos “¿y ahora que lo has traducido no podrías…?” que tantos clientes asumen como gratuitos): revisión tras la publicación, carga de contenidos en la web, traducción de frases extra… Cuando llegamos a un acuerdo con el cliente en relación al presupuesto, es necesario enviarlo en formato PDF para evitar modificaciones y solicitar la aceptación del mismo ya sea por e-mail o mediante su firma y posterior escaneado.

Tras acabar la traducción, a la hora de cobrar la cantidad pendiente, recomiendo realizar algunas capturas de pantalla de distintas partes de la traducción y enviárselas al cliente como garantía del trabajo realizado. En este momento, se adjunta también la factura y se fija una fecha máxima de pago. En cuanto se recibe el pago de la factura, se envía inmediatamente el documento definitivo al cliente.

Por último, también puede ser útil consultarle al cliente si existe algún tipo de política de privacidad en relación a la traducción y a la relación comercial, es decir, si podéis compartir su nombre como cliente de la empresa o publicar parte de la traducción en internet como propia.

Estas medidas para lidiar con los clientes particulares pueden pareceros extremas, pero tras sufrir algunos impagos y fraudes por parte de este tipo de clientes, os aseguro que pueden evitaros muchos problemas y además dan una imagen muy profesional de vuestra empresa de traducción. Está claro que hay determinados clientes particulares con los que podemos tener una relación mucho más fluida por el motivo que sea y con los que estas medidas no son necesarias, pero creo que como medidas base para el trato con vuestros clientes pueden seros muy útiles.

 

Y vosotros, ¿adoptáis ya alguna de estas u otras medidas durante el trato con clientes particulares? Os invito a compartirlas en la sección de comentarios.

La importancia de la precisión léxica II

Como ya comentamos en la última entrada del blog, la precisión léxica es de vital importancia para los traductores y para todos los profesionales de la lengua. En el artículo de hoy continuamos con la recopilación de sinónimos o grupos de palabras similares y con su comparativa. Espero que sea de vuestro interés.

 

  • Fountain vs spring: Diferenciar estos términos no debería suponer mucho problema, pero nunca está de más recordar sus diferencias. Fountain es una pieza arquitectónica conectada a un surtidor del que brota agua, mientras que spring se refiere a un punto donde el agua brota desde el suelo de forma natural. Así pues, mientras el primero se traduciría como «fuente», el segundo se traduciría mejor, por norma general, como «manantial».

 

  • Hiking vs trekking: Aunque ambas se refieren a caminatas, hay pequeñas diferencias entre estas dos palabras. Hiking es un término más genérico para referirse a una actividad que se lleva a cabo en entornos naturales. Suele utilizarse para describir caminatas cortas de máximo un día de duración.  Trekking (trek significa viajar en afrikaans) se utiliza para referirse concretamente a una actividad intensa que dura varios días y que se realiza en lugares remotos de difícil acceso, lo que puede requerir de habilidades de orientación e incluso supervivencia.

 

  • Ship vs vessel vs boat: Es común que este grupo de palabras se utilice indistintamente en textos genéricos, pero es esencial elegir la más adecuada, especialmente en textos náuticos y turísticos. Boat se refiere a embarcaciones generalmente pequeñas y poco complejas que pueden incluir barcas, barcos de paseo, balsas o incluso pequeños veleros (sailing boats). Vessel es un término genérico que describe a cualquier objeto flotante utilizado para el transporte de mercancías o personas. Ship es un término específico (y por tanto un tipo de vessel) que describe una gran embarcación, ya sea un carguero, un crucero o un buque de guerra.

 

  • Baked vs roasted: Si queremos especializarnos en traducción gastronómica, es esencial que conozcamos todos los procesos de cocinado y que los distingamos a la perfección tanto en la lengua origen como en la lengua meta. Ambos bake and roast son métodos de cocinado al horno que implican el uso de aire caliente de unos 150º y que doran la parte externa del alimento, proporcionándole aroma y sabor. Sin embargo, cada una de estas palabras se utiliza para diferentes tipos de comida. Cuando cocinamos alimentos que ya tienen una estructura sólida antes de pasar por el proceso de cocinado (verduras, carnes) utilizamos roast. Bake se utiliza con alimentos que no tiene una estructura sólida antes del cocinado, como pueden ser las tartas, magdalenas, bizcochos o panes. En español, bake suele traducirse por hornear y roast por asar.

 

  • Scent vs aroma: Estos sinónimos pueden utilizarse indistintamente en la mayoría de casos, pero tras comentar el tema con algunos nativos y consultarlo en blogs especializados, he concluido que scent es más adecuado para describir el olor natural de plantas, animales o perfumes, mientras que aroma es adecuado para describir el olor de los alimentos y las especias. Sin embargo, no os toméis esto como una rule of thumb porque son muchas las excepciones: scent of bread, aroma of the flower, scent of the wine… Como ya sabéis, English can be confusing sometimes 🙂

 

La lista es interminable, por lo que os recomiendo que elaboréis vuestra propia lista de palabras confusas o sinónimos que pueden suponer una complicación extra durante el proceso de traducción. Os será muy útil clasificarlas por especialidad y tenerlas a mano siempre que las necesitéis.

 

 

La importancia de la precisión léxica

Si hay una cosa que define a un buen traductor, esa es la precisión léxica: ser capaz de escoger el vocablo exacto que define aquello que queremos describir y de elegir entre una amplia variedad de sinónimos aquel que mejor se adapta a un contexto concreto.

Durante el proceso de traducción, especialmente durante el proceso de traducción inversa, es común encontrarse con una diversidad de palabras similares que a menudo utilizamos como sinónimos de forma incorrecta. A pesar de que muchas de ellas comparten significado o tienen un significado parecido, la mayoría de veces cada una está destinada a un contexto o uso concreto, y al no ser nativos, es necesario consultar en diccionarios y fuentes fiables todas las palabras de las que disponemos para escoger la más adecuada para el texto con el que estamos trabajando. A menudo solo las distinguiremos por una letra, pero conseguir la máxima precisión léxica nos facilitará el proceso de traducción directa y dotará de naturalidad a nuestras traducciones inversas.

Hoy quiero ofreceros una recopilación de parejas o grupos de términos con los que he tenido problemas en un momento u otro de mi trabajo como traductora autónoma especializada en turismo y gastronomía. Espero que os sean útiles y os invito a completarla en la sección de comentarios.

  • Submarine vs underwater: para comparar esta pareja de palabras, remitámonos a su definición en el diccionario:

a) Submarine: existing or situated under the sea.

b) Underwater: found, used or happening below the water surface.

Como vemos, las definiciones son muy similares y las diferencias radican en el used or      happening. Así pues, aunque en muchas ocasiones serán intercambiables, yo recomiendo utilizar submarine para cosas estáticas (submarine mountain, submarine plant life) y underwater para objetos dinámicos (underwater camera, underwater divers). Pero cuidado, porque en ocasiones el uso de una u otra palabra cambiará el significado, como ocurre en submarine / underwater museum: el primero es un museo sobre submarinos, como es el caso del Royal Navy Submarine Museum, y el segundo es un museo bajo el agua, como es el caso del museo bajo el agua de Isla Mujeres, con estatuas del artista Jason deCaires.

  • Specially vs especially: En este caso, la diferencia es sutil pero importante. Especially significa «particularmente» o «sobre todo», mientras que specially se utiliza para hablar del propósito específico de algo. Ejemplo: My mum loves food, especially desserts vs The room has been specially designed for children and babies.
  • Historic vs historical: De nuevo, pequeños matices que pueden marcar la diferencia. Historic se utiliza para definir un objeto o acontecimiento importante en la historia, mientras que historical se utiliza para definir algo relacionado con la historia o con acontecimientos históricos (no necesariamente relevantes o importantes). Ejemplo: This visit of the queen to the island is a historic occasion (relevante en la historia de la isla, probablemente por ser la primera) vs The historical buildings of the city remind us of the different invasions (edificios históricos por pertenecer al pasado de la ciudad, pero no necesariamente importantes).
  • Guaranty vs guarantee vs warranty: Veamos primero la diferencia entre guarantee y warranty. Una guarantee es una promesa de que algo funcionará de una forma específica o cumplirá con ciertas condiciones. Una warranty es una garantía por escrito que promete reparar o substituir un objeto en caso de que sea necesario dentro de un período determinado (por tanto, podríamos decir que una warranty es un tipo de guarantee). Por último, guaranty es una forma obsoleta de guarantee que hoy en día se utiliza en documentos legales para referirse a algo que se ofrece como seguridad de que se tomará una acción determinada.

Ejemplos: An engagement ring is a guaranty that a marriage will occur / There was no guarantee she’d come back with the money /The warranty of the product has expired, so they are not going to replace it.

 

Como veis, no siempre es fácil distinguir las parejas y grupos de sinónimos, pues incluso los nativos los utilizan indistintamente en muchas ocasiones. Como profesionales de la lengua, es nuestra obligación recurrir a diccionarios y fuentes fiables para escoger el término que mejor defina aquello a lo que nos queremos referir. Son muchos más los sinónimos o grupos de palabras que pueden causarnos problemas durante el proceso de traducción, y por ello continuaremos trabajándolos en el próximo artículo. ¡Esperamos vuestras aportaciones!

Lo que me han enseñado las empresas de traducción

Dos años como gestora de proyectos de traducción en la empresa Contenido SEO y cuatro años como traductora autónoma especializada en traducción turístico-gastronómica, médica y literaria me han enseñado muchas cosas que he intentado incorporar de la mejor manera posible en mi empresa de traducción en Palma de Mallorca. Cosas positivas que caracterizan a una empresa de traducción de calidad y con experiencia, y desgraciadamente cosas negativas que siempre intento evitar durante el trato con los clientes y el equipo de colaboradores.

A pesar de que cada vez es más complicado encontrar empresas de traducción que cumplan con esta premisa, una de las normas de Traduseo es tener los pagos al día con los proveedores. Como traductora, para mí es fundamental respetar siempre las fechas de entrega de los proyectos, pues la puntualidad es esencial para mantener y conseguir más clientes en el mundo de la traducción. De la misma forma, como directora de una empresa de traducción, efectúo los pagos a los proveedores con máxima puntualidad. Esto nos garantiza una relación inmejorable con nuestros traductores, que trabajan satisfechos y probablemente recomendarán nuestros servicios a clientes potenciales.

En la misma línea, hay dos elementos que también favorecen la relación entre empresa de traducción y traductores. Por una parte, es importante ofrecer la máxima información posible sobre los proyectos de traducción: fecha de entrega, terminología, origen del cliente, lugar donde se va a incluir la traducción, etc. Aunque es cierto que en este caso dependemos totalmente de nuestros clientes, debemos esforzarnos para obtener la máxima información posible para facilitar el trabajo a nuestros traductores y así ofrecer un mejor servicio. Por otra parte, aunque parezca básico, no son todas las empresas de traducción las que respetan esta norma: confirmar recepción y dar las gracias. Cuando un traductor nos envía un proyecto finalizado, y dado que hoy en día todas las transacciones y comunicaciones se hacen online, es importante confirmar la recepción del documento al traductor y siempre darle las gracias por el servicio ofrecido. De esta forma se evitan futuros posibles problemas de pérdida de documentos y, de nuevo, se garantiza la satisfacción de nuestro equipo de traductores.

Por último, y aunque no sea de vital importancia, hay un paso en el proceso de comunicación con nuestros clientes que, de cumplirlo, nos convertirá en una agencia de traducción completa y eficiente. Es común que muchos clientes necesiten otros servicios relacionados con la traducción, como pueden ser la redacción de contenidos, gestión de redes sociales, servicios SEO para webs, servicios de interpretación, gestión de blogs, etc. En Traduseo ofrecemos un servicio integral, lo que supone que cuando no podemos ofrecer el servicio solicitado internamente, contactamos con profesionales del sector con los que trabajamos habitualmente, facilitando las transacciones a nuestros clientes y actuando de intermediarios.

Aunque sigo aprendiendo a diario tanto como traductora autónoma como directora de Traduseo, creo que seguir estas premisas ha convertido a Traduseo en una buena empresa de traducción en la que mis clientes, afortunadamente cada vez más, confían, y con la que mi equipo de traductores y colaboradores disfruta de trabajar. Desde aquí, les doy de nuevo las gracias a todos ellos. Todos vosotros hacéis Traduseo.