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Mi nuevo papel como profesora de inglés en secundaria

Quizás debido a las precarias condiciones de los autónomos en España, a los bajos sueldos de los traductores asalariados o a la creciente competencia desleal en el sector, la mayoría de traductores españoles se ven obligados a compaginar su ejercicio como traductores con una segunda actividad profesional. Gracias a mi formación combinada en filología y traducción, el pasado agosto de 2016 se me presentó la oportunidad de trabajar como profesora de inglés de secundaria en la que fue mi segunda casa durante más de 15 años. A pesar de que la traducción es mi pasión y me llena más que nada en este mundo —profesionalmente hablando—, tras sopesar las condiciones del trabajo y mi situación personal como madre de familia, decidí adentrarme en el apasionante mundo de la enseñanza.

Estos seis meses han sido intensos y conmovedores, pero desgraciadamente también decepcionantes en muchos aspectos. He tenido la suerte de encontrarme con un departamento de inglés joven, con ganas de trabajar y de arrancar nuevos proyectos, algo que ha facilitado mi trabajo sobremanera. En cuanto al centro, tengo mucha libertad para trabajar y llevar las clases a mi propio ritmo, pero aunque esto pueda parecer una ventaja, a veces me gustaría recibir algo más de feedback por parte del equipo directivo para poder seguir mejorando en mi trabajo día a día. Será cosa de las almas perfeccionistas… 😉

El tema de los alumnos daría para varios artículos, pero hoy quiero presentaros algunas de las conclusiones a las que he llegado tras estos meses de trabajo en 1º, 2º y 4º de ESO. A pesar de que parezca un tópico, creo que el siglo XXI ha supuesto una revolución en mucho aspectos —tecnológico, científico, social—, revolución que queramos o no ha tenido una influencia directa en la población joven.

 

Tal vez debido al poco tiempo que los padres tienen para dedicarles en casa, al abuso de las nuevas tecnologías o a la confusión que existe entre los aspectos positivos de la educación con apego y los aspectos negativos de la educación sin límites, la mayoría de alumnos no tienen respeto a la autoridad y al profesorado. Hemos pasado de una época en la que los alumnos se levantaban cuando llegaba el profesor para darle los buenos días a una época en la que la entrada del profesor en clase pasa tan desapercibida que tenemos que hacer aspavientos en la tarima para lograr captar su atención y poder iniciar la sesión.

Por otra parte, hay una falta total de disciplina de trabajo en los alumnos de secundaria. Debido a la educación sobreprotectora que reciben algunos y a la falta de autonomía que se les ofrece en el ciclo de primaria, los alumnos de secundaria no están acostumbrados a esforzarse para lograr sus objetivos y dependen totalmente del profesor para tomar todo tipo de decisiones en clase.

Hemos llegado al límite en el que los alumnos, en muchas ocasiones apoyados por sus padres, pretenden aprobar el curso limitándose a asistir a clase y a realizar las tareas pertinentes, siempre en horario lectivo. Y aquí tengo algo que decir: estimados padres sobreprotectores, esto sería posible si las clases se aprovecharan al 100%. ¿Y qué implicaría ello? Implicaría poder empezar la sesión de forma puntual porque todos los alumnos están en su sitio con el material preparado; implicaría que se comportan de forma que el profesor puede llevar a cabo todas las actividades planeadas e implicaría que presten atención cuando el profesor está hablando. Pero desgraciadamente estas condiciones no se dan nunca, lo que nos obliga a recurrir a los odiados deberes, siempre de forma limitada (entiéndase «deberes» por leer una página de teoría, hacer un ejercicio de 5 frases o repasar el vocabulario introducido en la sesión).

 

Pero no quiero culpar solo a los alumnos, pues los profesores también tenemos parte de culpa y no me eximo de ella. No hay duda de que los profesores cerca de la jubilación no tienen la misma energía ni ganas que los profesores que empezamos, y eso lo notan los alumnos. Pocas veces están dispuestos a cambiar su metodología, a aceptar críticas o a seguir formándose para adaptarse a las nuevas tendencias educativas.

Por parte de los jóvenes, creo que el mayor problema viene de la formación que recibimos. Al terminar el máster de formación del profesorado ya era consciente de ello, pero tras seis meses de trabajo con los jóvenes puedo afirmar que la formación para el profesorado existente en España es insuficiente, mediocre y poco útil. Es suficiente con compararla con la formación en Finlandia y los requisitos para acceder al sistema educativo en el país del norte para entender la situación en la que nos encontramos.

Así pues, tras trabajar como autónoma durante más de cuatro años, y por tanto sin vacaciones pagadas y sin muchas de las ventajas de las que disfrutamos el cuerpo de profesorado, puedo decir que el trabajo de profesor es —a mi parecer— más duro que el de traductor, tanto física como psicológicamente, y que las tan polémicas vacaciones son no solo merecidas, sino necesarias.

Prácticas profesionales para la enseñanza del inglés (II)

En esta segunda parte del artículo publicado hace unas semanas quiero compartir con vosotros las últimas recomendaciones que nos han hecho en el curso que estoy realizando sobre la enseñanza de lengua extranjera. Además de la importancia del rapport y de la motivación de los alumnos para hablar en clase, el British Council considera fundamental idear un plan de clase (planning).

Un buen plan de clase nos permitirá identificar los pasos más importantes de nuestras clases, las ideas en las que nos queremos centrar, las conexiones con sesiones anteriores y futuras, etc. Los elementos más importantes que debería incluir todo planning son:

  • Objetivos: aunque parezca obvio, a menudo nos centramos tanto en los contenidos y en las actividades individuales que nos olvidamos del verdadero objetivo de la sesión. ¿Qué queremos conseguir con cada actividad? Recordemos que sin un objetivo, las actividades se convierten en inútiles y por tanto irrelevantes.
  • Tipos de interacción: ¿Cómo vamos a organizar la clase? ¿Van a trabajar los alumnos en grupo, de forma individual, colectiva…? Para responder a estas preguntas deberemos tener muy claros los objetivos y las necesidades de los alumnos.
  • Organización del tiempo (timing): La organización del tiempo es esencial para alcanzar nuestros objetivos. Además, nos permitirá tener una sensación de control y confianza durante la sesión que a su vez permitirá una mayor flexibilidad.
  • Materiales: ¿Qué materiales vamos a utilizar? ¿Es necesario siempre recurrir a las tecnologías de la información? ¿Qué uso vamos a hacer del libro de texto?
  • Problemas y soluciones: Prever los problemas que puedan aparecer durante la sesión basándonos en experiencias previas y en el perfil de nuestros alumnos nos permitirá diseñar posibles soluciones y alternativas que harán que la clase fluya de forma natural y que los alumnos perciban nuestra confianza y seguridad.

Estos son solo algunos de los elementos que debe incluir un buen plan de clase, ampliable con muchos otros, como actividades extra para alumnos con dificultades o deberes. ¿Utilizáis vosotros un plan de clase? ¿Qué elementos incluís en él? ¿Cuáles os parecen indispensables?

Prácticas profesionales para la enseñanza del inglés (I)

Estas semanas estoy realizando el curso “Professional practices for English language teaching”, impartido por el British Council, y me gustaría compartir con vosotros algunas de las recomendaciones que nos han hecho para mejorar nuestra práctica como profesores de lengua extranjera.

Una de las palabras que más hemos escuchado durante la primera semana del curso es rapport, un préstamo del francés que viene a significar “entendimiento” o “buena relación”. Según el British Council, el rapport es la base de la motivación de nuestros estudiantes y se fundamenta en cuatro principios:

1) Escoge tu actitud: debes ser amable pero profesional y mostrarles a tus alumnos que esperas que trabajen duro pero que el trabajo puede ser divertido.

2) Usa nombres propios: usar nombres propios refleja que ves a los alumnos como individuos y permite establecer lazos entre vosotros.

3) Escucha: escucha activamente a tus alumnos y evita repeticiones innecesarias. Muestra respeto y sé justo.

4) Evita corregir en exceso: corregir a tus alumnos cada vez que hablan puede dañar su confianza y reducir el rapport. Corrige con medida, haz críticas constructivas y alaba a tus alumnos cuando consigan logros.

5) Trabaja tu lenguaje corporal: cuida tu voz y utiliza un lenguaje corporal que muestre tu confianza, incluso cuando no la tienes. Mantente al frente de la clase y evita esconderte detrás del escritorio.

 

Otras de las cosas que hemos aprendido esta semana es cómo conseguir que los alumnos hablen en clase, entre las que destaco:

1) Escoge el tema adecuado: para ello es necesario que conozcas los intereses y gustos de tus alumnos, algo que también es esencial para construir el rapport entre profesor y alumno.

2) Sé específico: intenta que los speakings tengan un objetivo claro, como “descubre 5 cosas que tengas en común con tu compañero” y evita actividades inespecíficas del tipo “hablad sobre cosas que os gusten”.

3) Ofrece ayuda y tiempo de preparación: a menudo el problema ante la falta de participación de los alumnos es que los alumnos no están listos para hablar. Asegúrate de que les ofreces las herramientas necesarias para participar en la actividad.

4) Fomenta las actividades en grupo: las actividades en parejas o en grupo permiten una mayor participación y fomentan la motivación de los alumnos.

5) Ofrece un objetivo claro: las actividades en las que los alumnos tienen que intercambiar información para completar una actividad ofrecen una verdadera razón para hablar y participar en clase.

Y vosotros, ¿qué técnicas utilizáis para promover el rapport en clase y conseguir una mayor participación en los speakings?