Archivo de la categoría: Lingüística

La importancia de escribir bien en internet

Antes de la llegada de internet, era necesario tener un cierto estatus cultural para poder publicar un artículo en los medios de comunicación y revistas especializadas, ya fueran unos estudios reglados o una gran experiencia en el área en cuestión. Sin embargo, la llegada de internet supuso una clara democratización de los contenidos, con sus ventajas y desventajas.

Por una parte, ahora disponemos de un acceso total a una ingente y creciente cantidad de contenidos de todos los ámbitos, incluso de aquellos a los que antes era muy complicado tener acceso gratuito. Esto ha dado lugar a una cultura del “háztelo tú mismo” en la que todo el mundo parece saber de todo y en la que la autoformación está a la orden del día. Sin embargo, el hecho de que cualquiera pueda hacer publicaciones en internet nos obliga a dudar de todo lo que leemos y a buscar fuentes más fiables, pues a menudo es complicado encontrar la aguja de calidad en el gran pajar de la red.

En mi caso, al estar interesada en campos diversos, me he visto obligada a hacer un minucioso proceso de selección de aquellos blogs que publican el contenido que más se adapta a mis intereses y el de mejor calidad. Sin embargo, también cae en mis manos contenido de menor calidad que no rechazo sin antes ojear, y mi vena correctora se hincha cada vez que encuentro una falta de ortografía y sintaxis, lo cual ocurre bastante a menudo. Y cuando lo comento con amistades de otras ramas distintas a la traducción y enseñanza la respuesta suele ser la misma: «¿Y qué más da?». Pues sí da, y mucho, me explico:

Para mí escribir bien es comparable a vestir bien. Está claro que estando en casa o para ir a hacer la compra, uno puede ir en zapatillas y chándal si le apetece (yo misma soy fiel defensora del atuendo ancho y cómodo), pero no se nos ocurriría ir a una entrevista de trabajo con chanclas y a lo loco, ¿verdad? Un blog es nuestra carta de presentación, nuestra oficina de trabajo, nuestra cara al público, y no importa si los contenidos poco o nada tienen que ver con los idiomas: las faltas de ortografía llevarán a los clientes potenciales a pensar que no prestamos atención a los detalles, que no somos cuidadosos y perfeccionistas, algo que todos valoramos cuando buscamos cualquier tipo de servicio, ya sea una traducción o un corte de pelo. Además, con la mala redacción nuestros contenidos pierden calidad por muy interesantes y únicos que sean. Imaginemos que tenemos dos artículos con el mismo contenido, uno con una gramática y sintaxis perfecta y otro plagado de faltas, ¿cuál creéis que leerá antes un posible interesado? Por otra parte, la corrección a la hora de escribir también es vital para un buen posicionamiento en la web. Como ya sabéis, Google premia el contenido de calidad, dando prioridad a aquellos artículos que facilitan la lectura y están bien escritos.

 

escribir-bien-traduseo

Por último, como amante de los idiomas, tengo que decir que escribir bien garantiza un cierto orden y salvaguarda la calidad de la lengua. Está claro que no hay que llevar al límite el lema de “limpia, fija y da esplendor”, pues todos somos conscientes de que las lenguas evolucionan constantemente y que es complicado poner límites a lo que puede o no ser aceptado (y si no, pensad en las últimas incorporaciones de la RAE al diccionario —papichulo, almóndiga o cocreta—), pero un mínimo de corrección gramatical y sintáctica es de vital importancia para mantener una buena imagen corporativa. Y si no nos vemos capacitados para crear contenidos interesantes y bonitos para nuestro blog o web, siempre es mejor contratar los servicios de un profesional que pueda garantizar la calidad que los clientes esperan de nosotros.

Mujeres NoMo y el porqué de las etiquetas

La polémica surgida en las redes por los artículos publicados en La Vanguardia y El Mundo sobre las mujeres NoMo (o mujeres que no quieren ser madres) me ha hecho pensar en la fiebre de las etiquetas surgida en los últimos años. Se habla de mujeres NoMo, jóvenes nini (ni trabajan ni estudian), los haters (usuarios de redes que difaman a una persona, empresa o concepto en particular por pocas o ningunas razones) o los muppies (fusión de millennials y yuppies con más de 15 características diferentes), entre muchos otros. Pero, ¿cuál es el origen y la razón de estas nomenclaturas?

Estas etiquetas ofrecen definiciones sesgadas y una imagen muy limitada de la riqueza de las generaciones actuales, y se han convertido en una herramienta de marketing simplista para empresas que buscan definir los hábitos de cada generación y así poder promocionar sus productos entre estos grupos. De hecho, ya es habitual encontrar en Internet empresas que venden “regalos para sorprender a un millennial”, hoteles que apuntan al nicho NoMo o aplicaciones para buscar pareja para haters. Pero su uso no se limita a los medios de comunicación, sino que la fiebre de las etiquetas se ha extendido a redes como Twitter e Instagram, donde etiquetas demasiado extensas y poco contextualizadas pierden su función de palabras clave y se convierten en una simple moda.

Y es que las etiquetas no tienen nada de positivo. Como ya se ha demostrado en más de un estudio (véase el estudio sobre el efecto Pigmalión de Rosenthal y Jacobson de 1968), las etiquetas condicionan el comportamiento y pueden tener consecuencias negativas durante muchos años en los niños y adolescentes. Las personas desarrollamos la opinión que tenemos de nosotros mismos muchas veces en función de las expectativas y valoraciones que los demás tienen de nosotros. De esta forma, si un niño es etiquetado de “vago, desobediente y desordenado” actuará en consecuencia, pues no se espera que actúe de forma distinta, y le será mucho más difícil modificar este comportamiento aprehendido que si recibe elogios, motivación y educación positiva. Paralelamente, de una mujer etiquetada de NoMo se espera un comportamiento definido  (que sea responsable en el trabajo, independiente, de carácter fuerte y mente abierta) que de no cumplirse puede llevar a fuertes críticas por parte del entorno laboral y familiar de la mujer.

criticas-mujeres-nomo

 

Según el artículo de La Vanguardia, la etiqueta NoMo ha surgido para “definir a todas aquellas mujeres que no pueden o no quieren tener hijos”. Y yo me pregunto, ¿qué necesidad tenemos de definirlo todo con una sola palabra? ¿Por qué debemos prescindir de la riqueza que nos ofrece el lenguaje? La etiqueta NoMo incluye en un mismo grupo a aquellas mujeres que no quieren tener hijos para disfrutar de una mayor libertad y estabilidad profesional y a aquellas mujeres que no pueden tener hijos por problemas de fertilidad y cuyo carácter no casa con el de “mujer independiente y dedicada exclusivamente a su trabajo”, cuando lo único que tienen en común estas mujeres es precisamente ser mujeres.

Así que, por favor, huyamos de las etiquetas y hagamos uso de la riqueza y los recursos del lenguaje para dar visibilidad a una generación de jóvenes, mujeres y hombres caracterizada por la pluralidad y la heterogeneidad.